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12/28/2006 Nota en el diario EL PAIS el día 24/12/2006SOLIDARIOS 2006 José se mudó de apuro el domingo de mañana. De madrugada, la tormenta que azotó a buena parte del país se llevó el techo de su casa. La vivienda está construida de chapas y costaneros. Si el temporal lo hubiera dejado sin techo antes del 26 de noviembre, José, su mujer y sus dos hijos, Belén y Maximiliano, habrían quedado en la calle. Pero el domingo 17, en su terreno del asentamiento 3 de enero ya había una pequeña casita de madera de seis por tres metros. José estaba esperando terminar de pintarla, acondicionarla e incluso insularla con espuma plast en la parte interior del techo, para luego mudarse "tranquilo". Ya tenía una de las divisiones hechas (para el dormitorio) pero recién comenzaba a delinear su nuevo baño. El domingo, los cuatro la ocuparon de apuro, pero igualmente con una sonrisa en la boca. José y su familia, igual que la de Cayetano Goméz y unas 100 más en el "3 de enero" y el "30 de abril" (dos asentamientos ubicados en la zona de Jardines del Hipódromo), fueron elegidas por "Un techo por Uruguay" para beneficiarse con pequeñas casas que, sin embargo, cambiaron sus vidas. Para ello tuvieron que pagar 2.000 pesos en cuotas, un costo que representa el 10% del valor total de la vivienda. José, que es chapista de profesión, y su familia, fueron "pioneros" en la formación del asentamiento 3 de enero, justamente, el 3 de enero de 2003. Allí viven más de 220 familias con muchos niños. Los cuatro residían en la casa de "la suegra" y la única opción de independencia fue la irregularidad. Como él, otras 196.000 personas viven en asentamientos de todo el país, según un reciente informe del Instituto de Estadística y del Programa de Asentamientos Irregulares. Son casi el 10% de la población que vive en este país. José se anotó en la lista de "Un Techo por Uruguay" sin muchas esperanzas. Ahora dice que su casa es "espectacular". Del día de la construcción, en la que ayudó toda la familia, incluyendo tíos y primos de todas las edades, guarda una cometa con el logo de la ONG y la firma de los constructores del equipo 9. DESEMBARCO. "Un techo por Uruguay" trabaja en el país desde fines de 2003, cuando comenzó un pequeño desembarco que, sin embargo, pronto se multiplicó exponencialmente: de las cinco casas que construyeron en ese primer año, pasaron a casi 300 en el que ahora termina. La forma de trabajo sigue los mismos parámetros que el resto de las organizaciones que actúan en nueve países latinoamericanos: en una primera etapa los voluntarios van directamente a los asentamientos, donde comienzan detectando problemas y necesidades y más tarde eligiendo, entre quienes se postulan, a las familias en estado de emergencia habitacional. El final de esa primera etapa es la esperada construcción de las casas de madera. Para los voluntarios, sin embargo, este no es el final de nada, sino más bien el comienzo. Tal como explicó Victoria Blanc, directora de Comunicación de la ONG, "sabemos que sólo estamos mejorando una situación puntual. Estas viviendas durante entre cinco y siete años; eso lo sabemos nosotros y la familia también". Esta primera etapa se replica continuamente, porque siempre se necesitan casitas de madera que "tapen agujeros". En Uruguay, además, acaba de agregarse la segunda parte del proyecto, que desde la organización se define como de "habilitación social". Con la confianza del barrio ganada y las construcciones a la vista de todos, "Un techo..." comienza a trabajar con los vecinos para generar un sentimiento de trabajo en conjunto. El objetivo es que el asentamiento deje de serlo, para transformarse en un barrio. Así se conforman mesas de trabajo integradas por vecinos, voluntarios del Techo y otras organizaciones sociales que actúen en la zona. "Un techo por Uruguay" ya comenzó esta segunda etapa en dos asentamientos: Bañados de Carrasco y Primero de Mayo, ambos con un 60% de sus casas construidas por la organización. Con el financiamiento disponible, el apoyo de las familias que viven allí, la única duda que les planteaba el proyecto a los organizadores era que los voluntarios mantuvieran su compromiso ya no durante un fin de semana, sino durante todas las semanas y varios días en cada una. Las dudas terminaron cuando se confirmó que 36 voluntarios siguen trabajando. En uno de los asentamientos ayudan a organizar huertas orgánicas y en otro se involucraron en un plan de nivelación escolar en el que intervienen maestros, de nuevo voluntariamente. Cuando por fin lleguen a la tercera etapa, la que llaman "definitiva", "Un techo por Uruguay" ya no construirá sino que ayudará al barrio a que gestione la regularización de sus terrenos, y a que consiga viviendas definitivas. LOS VOLUNTARIOS. Las construcciones, que suelen realizarse durante fines de semana de trabajo intenso, implican toda una logística que comienza con la reunión de los voluntarios en una escuela de la zona, el viernes de noche. Luego de dormir allí llegan todos juntos al barrio; con ellos va la casa en partes: 10 paneles que serán las paredes, 15 pilotes y chapas de zinc que se convertirán en techos. El trabajo se extiende hasta que se esconde el sol, con escasas interrupciones, entre ellas la del almuerzo, un momento que se comparte con la familia y en la que todos comen lo mismo. El domingo se repite la jornada de trabajo, hasta que cada casa queda pronta, luego de una inauguración con corte de cinta incluida. Los cambios que se generan con la construcción de 18 metros cuadrados, afectan a muchas familias cuyas situación es muy complicada, pero también a muchos jóvenes uruguayos que, hasta poco antes de acercarse a la ONG, apenas sabían que la pobreza abundaba a pocos kilómetros de sus casas. La particular estructura de "Un techo por Uruguay", consideran quienes trabajan en la organización, permitió "abrir" el voluntariado a cientos de jóvenes, casi todos universitarios, que así hicieron su primera experiencia solidaria. Tal como explica Maximiliano Pérez, director social de la organización, "la idea es que se involucren con una realidad distinta a la suya, y que hagan algo por cambiarla". Para él y para muchos otros, "el techo" -como le llaman a la organización- fue la demostración de que "los jóvenes sí podemos hacer algo". Igual que la mayoría de los voluntarios, Maximiliano y Victoria se acercaron a "Un techo por Uruguay" sin demasiada conciencia de la realidad de la pobreza extrema y sin un perfil social marcado. "En general era gente que nunca había entrado a un asentamiento", sintetiza Victoria, que vio la otra cara de esas zonas luego de pasar fines de semana enteros conviviendo con sus habitantes las 24 horas. Maximiliano llegó hasta la ONG pensando en su afición a la carpintería, reconoce. Incrédulo terminó comprobando que era posible construir una vivienda en dos días. Pero sobre todo, recuerda, descubrió que en Uruguay "viven familias casi como animales y que lo único que las diferencia de la mía es la suerte de nacer en una casa donde cubrieron todas mis necesidades". Luego de tres años de trabajo en la ONG, Maximiliano está seguro de que las casitas construidas lo ayudaron más a él que a las familias que ahora viven en ellas. Ahora son 150 los voluntarios -casi todos de entre 20 y 28 años- que permanentemente están trabajando para la organización, pero más de 3.000 integran una base de datos a la que se recurre cuando hay que construir. Todos pusieron manos a la obra en algunos de los "desembarcos" que terminaron con viviendas prontas. A los estudiantes se agregan otros voluntarios circunstanciales: a veces familias enteras -que decidan financiar una casa y quieren que sean sus propios integrantes quienes la levanten- o jefes y empleados de empresas que también ponen dinero y manos. Otra de las características de la organización es que su difusión, al menos al principio, se basó exclusivamente en el "boca a boca", además de la ayuda de las carteleras universitarias. En 2005, una movida promocional cambió por completo la imagen que la ONG apenas había comenzado a construir en la sociedad. Con la construcción de una de sus casas sobre un palo de más de 12 metros, en plena Plaza de la Bandera, "Un techo por Uruguay" se metió en todos los hogares a través de imágenes televisivas. La "suerte" agregada fue que la estructura resistió la tormenta de agosto de ese año, con lo cual se renovó la confianza, considera Blanc. PROPIETARIOS. La segunda etapa de trabajo que "Un Techo por Uruguay" ya comenzó en dos de los 13 asentamientos en los que construyó, es la previa de una solución definitiva. "Cuando los domingos terminamos las construcciones y ves como una familia entera se emociona por que recibe 18 metros cuadrados de madera y chapa, te sentís por un lado bien, pero también con rabia", explica Maximiliano. Uno de los vecinos que mantiene la emoción es Milton Alberto Acosta, un hombre que vive en el asentamiento desde hace cuatro años y que ahora, con su nueva casa, renovó una alegría que ni siquiera su enfermedad al corazón logró apagar. Luego de pintar la casa, abrir una nueva ventana y comenzar un baño exterior de material, Milton planea hacerse un dormitorio extra, anexado. El objetivo de toda la organización es llegar a un vivienda, decente y definitiva. Según el último informe del INE sobre la situación de la vivienda en Uruguay, hay 1.279.741. Los propietarios representan un 61,5% de la población. Propietario legal o no, Cayetano Gómez se considera bien dueño de su casa en el 3 de enero. Gómez llegó a Montevideo desde Bella Unión hace 30 años y desde entonces, dice, no paró de trabajar.... ni de mudarse. En su terreno del asentamiento también se levanta una casa de madera de las de "Un techo...". Gómez la cierra con candado y planea ocuparla cuando la tenga "a punto", dice. Por ahora planea darle una mano de gas oil y aceite quemado -una de las medidas que los voluntarios recomiendan se siga, para alargar su vida útil. Mientras que muestra con orgullo la nueva residencia, despotrica contra políticos, cooperativas y hasta dirigentes de fútbol porque, dice, nadie cumple nada de lo que promete. "En cambio estos chiquilines hicieron lo que dijeron que harían. Es impagable. Yo quería levantar otro ranchito, pero la plata nunca me daba", explica Gómez, que trabaja como peón rural en un establecimiento de Punta de Mangas, donde gana un sueldo mínimo. Gómez, y muchos de sus vecinos de ese y otros asentamientos, dudaron cuando vieron aparecer por primera vez a un grupo de jóvenes con remeras blancas estampadas en azul, que les ofrecían, "de repente", una casa nueva. "Nos dijeron que eran un movimiento que habían comenzado en Chile y que hacían casitas para mejorar un poco nuestra situación. Todo lo que dijeron después, lo cumplieron", agrega Gómez. Ahora, dice, duerme con la conciencia tranquila, porque sus 2.000 pesos ya están pagos. En el año que pasó, "Un techo por Uruguay" construyó casi 300 viviendas, manejó más de 350.000 dólares y hasta bailó por un sueño, algo que no les generó un sólo peso pero sí bastante conocimiento entre la gente ("a muchos asentamientos llegábamos y nos decían, `Ah! son los de Bailando", reconoce Victoria Blanc). En Uruguay hay 676 asentamientos. La cantidad creció críticamente desde la crisis de 2002 y aunque ahora se estancó, nada hace pensar en un retroceso. En ellos viven el 11% de los montevideanos. Los voluntarios de "Un techo por Uruguay" tienen trabajo asegurado por buen tiempo. De tres casas a más de 400 La organización "Un techo por..." surgió en 1997, en Chile, y desde 2001 la idea comenzó a difundirse a diferentes países. El puntapié inicial se produjo como consecuencia de terremotos que habían afectado a Perú y El Salvador. Entonces, "Un techo por Chile" decidió ayudar en esos países afectados. Actualmente, Uruguay es uno de los nueve países en los que la ONG se instaló con patas nacionales. Aquí el desembarco se produjo en 2003, cuando tres integrantes de la filial Chile vinieron a difundir su tarea. A raíz de esas charlas se "prendieron" diez jóvenes uruguayos que fueron los encargados de importar tres casas de madera desde Chile. Las estructuras se levantaron enseguida en el barrio Peñarol. La segunda construcción, que se realizó en diciembre de ese 2003, incluyó dos casas pero esta vez totalmente financiadas por particulares uruguayos. Para entonces, las estructuras ya se habían comenzado a fabricar en el país, en los talleres de Don Bosco. En 2004 fueron nueve viviendas, a las que siguieron 165 en 2005; la explosión se dio en 2006, con 297 casitas. El apoyo de empresas, particulares, organismos internacionales y de los propios voluntarios, también se multiplicó exponencialmente en poco más de tres años. En 2007 el objetivo de "Un techo..." es construir entre 500 y 600 nuevas casas de emergencia; además, pretende avanzar en la segunda etapa y sentar bases firmes para, por fin, lanzarse a la tercera: la tan ansiada vivienda definitiva. "Cada vez que nos fijamos una meta nos dicen que estamos locos, pero por ahora las hemos cumplido", dice Maximiliano Pérez, director social del proyecto. Mi casa por U$S 850 COSTO. Las casas de "Un techo por Uruguay" cuestan unos 850 dólares terminadas. La fabricación se tercerizó en un aserradero que se dedica casi exclusivamente a estas estructuras. CASAS. Desde fines de 2003 se construyeron 469 viviendas. El "gran año" fue 2006, cuando se construyeron 297 casas. En el interior se han levantado estructuras en Paysandú, San José, Lavalleja y Florida. En noviembre de este año se hizo la construcción más ambiciosa: 100 casas en un fin de semana. FINANCIAMIENTO. Aunque inicialmente las casas eran financiadas por particulares, en general empresas, ahora la base de financiamiento se amplió; la ONG recibe fondos internacionales de embajadas y organismos multinacionales. El Banco Interamericano de Desarrollo acaba de conceder un préstamo no reembolsable de 3,5 millones de dólares para los nueves países en los que actúa "Un techo...". De cualquier forma, el 60% del financiamiento viene de empresas, el 10% de particulares y el resto proviene de eventos y organismos internacionales. La organización es auditada por una consultoría internacional. En 2006 manejó más de 350.000 dólares. ¿Uruguayos solidarios? La sociedad civil uruguaya tiene debilidades estructurales, que se basan sobre todo en la escasa amplitud y profundidad de la participación ciudadana. Esta es una de las conclusiones del estudio que se realizó a nivel nacional para definir el llamado índice Civicus de la Sociedad Civil. El mismo se elaboró entre junio de 2003 y diciembre de 2005 y forma parte de un proyecto internacional que involucra a 54 países. La organización encargada fue el Instituto de Comunicación y Desarrollo. Entre muchos parámetros, el informe destaca que sólo el 30% de las personas manifiesta participar en acciones comunitarias colectivas. Además, en Uruguay también se registra un bajo nivel de afiliación a organizaciones: sólo el 30% dijo ser socio de alguna organización, en su mayoría clubes sociales y deportivos. En cuanto a las donaciones, el estudio destaca que si bien muchas personas las realizan (60%), la cuantía de las mismas "parecería muy baja en relación a los ingresos". Otro punto importante es que aquí la sociedad civil tiene baja representación en ciertos sectores de la población, en particular de los jóvenes. TrackbacksThe trackback URL for this entry is: http://jbolsa.spaces.live.com/blog/cns!EDBF1FACD0A21011!3455.trak Weblogs that reference this entry
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